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Angi Tamara López Castillo:Reina FTNSC 2026


La noche cayó lentamente sobre Santa Cruz, y con ella llegó ese ambiente inconfundible que solo se vive cuando el pueblo se reúne para celebrar lo que es suyo. La marimba marcaba el pulso, la cimarrona se colaba entre risas y aplausos, y el parque Bernabela Ramos se transformó en escenario de ilusión, identidad y orgullo guanacasteco. Así inició la presentación de candidatas a Reina de las Fiestas Típicas Nacionales Santa Cruz 2026, una velada donde la tradición volvió a latir con fuerza.


Entre los nombres anunciados, uno resonó con especial calidez: Angi Tamara López Castillo, joven de 19 años, vecina de San Juan, quien desde su primera aparición capturó la atención del público. No solo por su porte, sino por la serenidad con la que caminó hacia el escenario, como quien sabe que representa algo más grande que un certamen: representa a su comunidad.


La presentación fue breve, pero cargada de simbolismo. Cada candidata, vestida con elegancia y respeto por la tradición, se convirtió en reflejo de una Santa Cruz viva, orgullosa de su herencia chorotega. En redes sociales, las transmisiones y publicaciones oficiales comenzaron a multiplicarse casi de inmediato: mensajes de apoyo, fotografías, videos y comentarios destacaban a Angi Tamara como una joven auténtica, cercana y profundamente identificada con las raíces guanacastecas.


En plataformas como Instagram y Facebook, seguidores de las Fiestas Típicas Nacionales no tardaron en bautizarla como una “princesa chorotega”, un apelativo que se repitió entre aplausos virtuales y corazones digitales. Las imágenes la mostraban sonriente, segura, compartiendo con otras candidatas y recibiendo el respaldo de amigos, familiares y vecinos que reconocen en ella a una digna representante de San Juan.


La elección de la reina, enmarcada dentro de unas fiestas que cada enero reúnen al país entero en torno a la música, la pólvora, los topes y la tradición, fue más que un concurso de belleza. Fue un acto de reafirmación cultural. Mientras el jurado deliberaba, el público entendía que cada joven sobre el escenario simbolizaba el relevo generacional de una identidad que se niega a desaparecer.


Cuando Angi Tamara regresó al centro del escenario para el cierre de la noche, su mirada reflejaba calma y determinación. En ese instante, la corona parecía secundaria frente a lo ya conquistado: el reconocimiento de su gente y el honor de formar parte de la historia viva de las Fiestas Típicas Nacionales.

Porque en Santa Cruz, la reina no solo porta una banda y una corona. Porta el orgullo de su tierra, el eco de la marimba y la promesa de que la tradición seguirá viva en manos jóvenes. Y esa noche, bajo la luna santacruceña, Angi Tamara López Castillo ya había dejado su huella en la memoria colectiva del pueblo.



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