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EDITORIAL | Independencia: más que una celebración, una responsabilidad

hace 9 horas
3 min de lectura

Cada septiembre, Costa Rica se viste de blanco, azul y rojo.



Las calles se llenan de banderas, las escuelas recuperan sus actos cívicos, las bandas recorren nuestras comunidades y miles de estudiantes participan con orgullo en las celebraciones patrias.


En Guanacaste, esa celebración adquiere además un significado profundamente nuestro: nuestras calles, nuestras tradiciones y nuestra identidad forman parte de esa Costa Rica que celebramos.


Pero hay una pregunta que deberíamos hacernos más allá de los desfiles, las banderas y las ceremonias:


¿Qué significa ser un país independiente en 2026?


Costa Rica conmemora 205 años de independencia. Y aunque la historia nos recuerda que en 1821 dejamos atrás el dominio colonial, la independencia no debería entenderse únicamente como un acontecimiento del pasado.


Porque la libertad no se hereda para siempre.


Se ejerce. Se cuida. Se defiende.


Se defiende cuando una persona puede expresar lo que piensa, incluso cuando incomoda.


Cuando un ciudadano puede cuestionar a sus gobernantes sin temor.


Cuando un periodista puede investigar al poder.


Cuando las instituciones cumplen su función.


Cuando quienes ocupan cargos públicos recuerdan que el poder no les pertenece: les fue confiado temporalmente por la ciudadanía.


Eso también es independencia.

Y hoy, cuando nuestra sociedad enfrenta polarización, desconfianza y una conversación pública cada vez más confrontativa, celebrar la democracia exige algo más que colocar una bandera en la ventana.


Exige responsabilidad.


Defender la democracia no significa defender a un gobierno, a un partido político ni a una figura determinada.


Significa defender el derecho de todos a pensar diferente.

Significa aceptar que quien hoy gobierna puede mañana estar en la oposición y que quien hoy cuestiona al poder mañana podría tener la responsabilidad de ejercerlo.


Significa entender que las instituciones no son buenas únicamente cuando nos dan la razón.


Y que la libertad de expresión no puede ser un derecho que reclamamos solamente cuando alguien piensa como nosotros.


¿Qué país estamos entregando?


Quizás esta sea la pregunta más importante de estas Fiestas Patrias.


Porque mientras celebramos, una nueva generación nos observa.


Son los niños y jóvenes que hoy marchan, cantan, llevan banderas y participan en los actos cívicos.


Mañana serán quienes estén al frente de nuestras empresas, escuelas, municipalidades, instituciones, medios de comunicación y comunidades.


Ellos recibirán el país que nosotros estamos construyendo.


¿Qué Costa Rica les estamos dejando?


¿Una Costa Rica donde disentir sea motivo de enfrentamiento?


¿Una sociedad donde la política divida familias y comunidades?


¿Un país donde cuestionar al poder sea visto como una agresión?


¿O una Costa Rica capaz de discutir con firmeza, pero también con respeto; de exigir cuentas sin destruir al adversario; de defender principios aunque la persona que los encarne no sea de nuestra preferencia?


La independencia también se construye allí.


En la capacidad de convivir con quien piensa diferente.


En la defensa de nuestras libertades.


En la participación ciudadana.


En la honestidad de quienes gobiernan.


En la vigilancia de quienes somos gobernados.


En la prensa que pregunta.


En las instituciones que responden.


Y en una ciudadanía que no renuncia a su responsabilidad.


Por eso, cuando veamos pasar la Antorcha, cuando escuchemos una banda, cuando nuestros hijos marchen o cuando una bandera ondee en una casa de Guanacaste, recordemos que estamos celebrando mucho más que una fecha.


Estamos celebrando la posibilidad de decidir nuestro propio destino.


La Antorcha pasa de mano en mano.


La bandera pasa de generación en generación.


Y también pasa de nosotros hacia quienes vienen detrás la responsabilidad de conservar aquello que hace de Costa Rica una nación libre.


Que estas Fiestas Patrias no sean únicamente una celebración de lo que fuimos.


Que sean también un compromiso con lo que queremos seguir siendo.


Un país donde podamos pensar diferente.


Preguntar diferente.


Votar diferente.


Criticar diferente.


Y aun así reconocernos como parte de una misma Costa Rica.


Porque la independencia se celebra una vez al año.


La libertad, la democracia y la convivencia se defienden todos los días.


Editorial | Aló Noticias

La Voz del Pueblo

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