La libertad de expresión no se celebra:Se defiende!
- Ivannia Zeledon Alvarez
- hace 2 días
- 4 min de lectura

Este 1.º de septiembre, Costa Rica conmemora el Día Nacional de la Libertad de Expresión. Y quizá nunca había sido tan necesario preguntarnos qué significa realmente defender ese derecho.
Porque la libertad de expresión no consiste únicamente en poder hablar. Tampoco significa que los periodistas tengan permiso para publicar lo que quieran ni que los medios estén por encima de la crítica. Significa algo mucho más profundo: que en una democracia nadie debería tener el poder de decidir qué se puede decir, qué se puede investigar o qué información puede conocer la ciudadanía.
La Constitución Política costarricense es clara. El artículo 29 garantiza la posibilidad de comunicar pensamientos y publicarlos sin previa censura. El artículo 30 garantiza, además, el libre acceso a los departamentos administrativos para obtener información sobre asuntos de interés público.
Esas garantías no son privilegios de los periodistas.
Son derechos de todos los costarricenses.
Cuando un periodista pregunta por el uso de recursos públicos, cuando un medio investiga una decisión gubernamental, cuando una persona cuestiona a un funcionario o cuando una comunidad exige explicaciones sobre una institución, lo que está ejerciendo no es un favor que le concede el poder. Está ejerciendo ciudadanía.
Por eso preocupa el deterioro del ambiente en el que se desarrolla el periodismo costarricense.
Costa Rica continúa contando con un marco jurídico e institucional que constituye una barrera fundamental frente a la censura. Sin embargo, distintos organismos nacionales e internacionales han advertido sobre un aumento de las presiones contra la prensa, la confrontación política, las dificultades para acceder a información pública y un clima que puede terminar incentivando la autocensura.
Reporteros Sin Fronteras ubica actualmente a Costa Rica en el puesto 38 de su clasificación mundial de libertad de prensa. Es una posición que todavía coloca al país por encima de muchas naciones de la región, pero que también representa una caída significativa respecto de la posición privilegiada que Costa Rica ocupó durante décadas.
Y esa caída debería preocuparnos.
No porque todo esté perdido.
Precisamente porque todavía estamos a tiempo de defender lo que construimos.
El más reciente informe de PROLEDI de la Universidad de Costa Rica sobre libertad de expresión y periodismo en Centroamérica advierte que en Costa Rica se ha consolidado una confrontación entre el poder político y determinados medios, al tiempo que aparecen formas más complejas de presión institucional. También señala fenómenos como la precarización del trabajo periodístico, la reducción de investigaciones y la autocensura.
La discusión, por tanto, no debería reducirse a si un periodista simpatiza o no con determinado partido, gobierno o sector empresarial.
Una democracia saludable no necesita una prensa que la elogie. Necesita una prensa capaz de cuestionarla.
Y esa prensa debe ser cuestionada también.
Los periodistas pueden equivocarse. Los medios pueden cometer errores. Una noticia puede ser incompleta. Una investigación puede ser objeto de debate. Un editorial puede generar molestia. Todo eso forma parte de una sociedad libre.
Lo que no podemos normalizar es que la respuesta al periodismo incómodo sea la intimidación, la descalificación, el bloqueo de información o el intento de convertir al periodista en enemigo.
Criticar a la prensa es libertad de expresión. Intentar silenciarla es otra cosa.
Pero defender la libertad de expresión tampoco significa defender cualquier contenido publicado.
La libertad trae consigo responsabilidad.
Los medios tienen la obligación de verificar, contrastar, atribuir correctamente y reconocer sus errores. El periodismo no puede convertirse en propaganda, ni la opinión puede disfrazarse de información. En una época marcada por las redes sociales, la inteligencia artificial, los contenidos manipulados y la desinformación, el rigor periodístico es más importante que nunca.
Costa Rica enfrenta además una amenaza que no siempre resulta visible: una sociedad cada vez más polarizada puede terminar aceptando la censura cuando afecta al adversario.
Ese es un camino peligroso.
Si defendemos la libertad de expresión únicamente cuando habla alguien con quien estamos de acuerdo, no estamos defendiendo la libertad. Estamos defendiendo nuestra propia comodidad.
La verdadera prueba ocurre cuando habla quien nos incomoda.
Cuando critica el gobierno que apoyamos.
Cuando cuestiona al político que admiramos.
Cuando un medio publica una información que preferiríamos no conocer.
Cuando un periodista hace una pregunta que nadie quiere responder.
Ahí es donde una democracia demuestra su madurez.
Costa Rica ha sido durante décadas un referente regional precisamente porque construyó instituciones capaces de poner límites al poder. Hoy ese legado requiere algo más que orgullo histórico: requiere vigilancia ciudadana.
El deterioro de la libertad de prensa no comienza necesariamente con periodistas encarcelados o medios cerrados.
Puede comenzar con algo mucho más silencioso: periodistas que dejan de preguntar, investigaciones que dejan de publicarse, funcionarios que dejan de responder, medios que no pueden sostenerse económicamente y ciudadanos que terminan aceptando que ciertas preguntas simplemente no deben hacerse.
Por eso, en este Día Nacional de la Libertad de Expresión, la celebración debe convertirse en compromiso.
Compromiso de los periodistas con la verdad.
Compromiso de los medios con el rigor.
Compromiso de las instituciones con la transparencia.
Compromiso de los gobernantes con la crítica.
Y compromiso de los ciudadanos con la defensa de un derecho que no pertenece a ningún partido político, empresa, periodista o medio de comunicación.
La libertad de expresión pertenece a la sociedad.
Y cuando se intenta limitar la voz de uno, tarde o temprano se empobrece la voz de todos.
Costa Rica todavía tiene mucho que defender.
Que nadie tenga que pedir permiso para preguntar.
Que nadie tenga que temer por investigar.
Que ningún gobierno pueda decidir cuál prensa es legítima y cuál no.
Que ningún medio crea que está por encima de la ley.
Y que ningún ciudadano olvide que una democracia sin voces incómodas no es una democracia fuerte.
En Costa Rica, la libertad de expresión no debería ser únicamente una fecha en el calendario. Debería ser una responsabilidad cotidiana.
Porque cuando la prensa puede preguntar, investigar y cuestionar, la sociedad puede conocer.
Y cuando una sociedad puede conocer, puede decidir libremente.




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