No son “viejitos”.Son personas adultas mayores y el lenguaje importa!
- Ivannia Zeledon Alvarez
- hace 11 horas
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Esta semana una frase pronunciada durante la discusión del Presupuesto Nacional 2027 volvió a poner sobre la mesa un tema que puede parecer pequeño, pero no lo es: la manera en que hablamos de la vejez.
El viceministro de Egresos, Luis Antonio Molina, afirmó que le preocupan más “los viejitos que los chiquitos” del país, al referirse al proceso de envejecimiento de la población costarricense.
Más allá de la intención de sus palabras, vale la pena detenernos en el término utilizado.
¿Por qué no deberíamos llamar “viejitos” a las personas adultas mayores?
Porque el lenguaje no solamente describe la realidad. También la construye.
“Viejito” puede utilizarse afectuosamente dentro de una familia o una relación cercana. Sin embargo, cuando hablamos desde instituciones públicas, medios de comunicación, organizaciones o espacios profesionales, el diminutivo puede infantilizar, homogeneizar y reducir a millones de personas a una imagen asociada con fragilidad, dependencia o vulnerabilidad.
Una persona de 70, 80 o 90 años sigue siendo una persona adulta, con historia, opiniones, autonomía, derechos, responsabilidades, proyectos y capacidad para tomar decisiones.
Por eso existe una enorme diferencia entre hablar de “nuestros viejitos” y hablar de personas adultas mayores.
No es solamente una cuestión de corrección política.
Es una cuestión de derechos humanos.
En Costa Rica, la propia Ley Integral para la Persona Adulta Mayor utiliza el concepto de persona adulta mayor y reconoce derechos relacionados con igualdad de oportunidades, participación, protección, integridad, autonomía y dignidad.
Y hay una palabra particularmente importante en esa expresión: PERSONA!
Antes que pensionista, paciente, abuelo, dependiente, beneficiario o “viejito”, hay una persona.
Cambiar nuestra manera de hablar también ayuda a cambiar nuestra manera de mirar, atender, incluir y respetar.
Costa Rica está envejeciendo. El debate sobre pensiones, salud, cuidados, vivienda, presupuesto público y protección social será cada vez más importante.
Pero junto con esos grandes debates debemos comenzar por algo aparentemente sencillo:
Nombrar a las personas con dignidad.
No son “los viejitos”.
Son PERSONAS ADULTAS MAYORES.
Y los derechos y el respeto empiezan por el lenguaje!





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