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De antigua cárcel a espacio para la niñez: Laura Fernández celebra el Día de la Niñez en el Museo de los Niños

hace 2 días
3 min de lectura

La presidenta compartió con niños y niñas en el emblemático museo de San José, un edificio que tiene más de un siglo de historia y que funcionó durante décadas como la Penitenciaría Central.


La presidenta de la República, Laura Fernández, compartió con niños y niñas durante las actividades de celebración del Día de la Niñez en el Museo de los Niños, en San José.



Una fotografía de la jornada muestra a la mandataria tomándose una selfie junto a un grupo de menores, en medio de globos, personajes y actividades recreativas.



Pero detrás de esa imagen existe una historia que pocos visitantes conocen: el edificio donde hoy los niños juegan y aprenden fue durante décadas una de las cárceles más temidas de Costa Rica.


Una cárcel construida hace más de 100 años


La historia del inmueble se remonta a 1905, cuando comenzó la construcción de la Cárcel Pública de San José.


El edificio principal quedó terminado en 1907 y para 1910 el complejo penitenciario estaba completo. Su arquitectura estuvo influenciada por el estilo neogótico, con una fachada que evocaba una fortaleza, torreones y altos muros defensivos.


Los pabellones incorporaron, además, elementos de los sistemas radial y panóptico, utilizados en centros penitenciarios de Europa, Estados Unidos y América Latina durante el siglo XIX.


La recién construida prisión sufrió daños importantes a causa del terremoto de 1910 y posteriormente una explosión ocurrida dentro del penal en 1917 obligó a realizar nuevas obras de reconstrucción.


Con el paso de las décadas, el crecimiento de la población carcelaria provocó hacinamiento y un progresivo deterioro de las condiciones del inmueble y de las personas privadas de libertad.


Finalmente, el 20 de diciembre de 1979, durante la administración del presidente Rodrigo Carazo Odio, la Penitenciaría Central cerró definitivamente.


Del abandono al Museo de los Niños


Después del cierre, el antiguo penal permaneció abandonado durante años.


El proyecto para darle una nueva vida al inmueble tomó forma durante la administración de Rafael Ángel Calderón Fournier (1990-1994), bajo el liderazgo de la entonces primera dama Gloria Bejarano Almada.


Según la historia publicada por el propio Museo de los Niños, la antigua Penitenciaría Central fue ofrecida como posible sede para desarrollar el proyecto del Centro Costarricense de Ciencia y Cultura (CCCC). El inmueble se encontraba prácticamente en ruinas después de años de abandono.


La Fundación Ayúdenos Para Ayudar (FAPA) asumió el reto de reconstruir el antiguo edificio para convertirlo en un centro dedicado a la educación, la cultura y la ciencia.


El complejo fue declarado Patrimonio Histórico Arquitectónico mediante el Decreto N.° 22631-J-C del 18 de agosto de 1993 y el 27 de abril de 1994 abrió sus puertas el Museo de los Niños.


Desde entonces, el antiguo penal se convirtió en uno de los espacios educativos y culturales más reconocidos de Costa Rica. Actualmente el museo cuenta con más de 40 salas interactivas, donde los visitantes pueden aprender sobre ciencia, tecnología, historia, naturaleza y distintos aspectos de la vida cotidiana.


Un lugar que cambió de significado


La transformación es uno de los elementos más llamativos de la historia del inmueble.


Donde antes hubo celdas, hoy hay salas interactivas. Donde hubo encierro, ahora hay juegos, aprendizaje y familias.


El propio Centro Costarricense de Ciencia y Cultura describe esta transformación como el paso “de la oscuridad a la luz”, al convertir un antiguo espacio penitenciario en un complejo dedicado a la educación, la cultura y el entretenimiento familiar.


El Museo de los Niños fue además declarado Institución Benemérita de la Niñez Costarricense y es reconocido como el primer museo de su tipo en Centroamérica y el único museo 100 % interactivo de Costa Rica.


Así, la imagen de Laura Fernández rodeada de niños durante la celebración de la niñez adquiere un significado adicional: la escena ocurre en un edificio que pasó de ser un símbolo del encierro a convertirse en uno de los lugares más asociados con la infancia en Costa Rica.




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