Golpe de urnas sacude Cuesta de Moras: tres partidos desaparecen del próximo Congreso
- Ivannia Zeledon Alvarez
- hace 7 horas
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La Asamblea Legislativa que se instalará tras las elecciones del domingo será irreconocible frente a la actual. El electorado pasó factura y lo hizo sin medias tintas: Nueva República, el Partido Liberal Progresista (PLP) y el Progreso Social Democrático (PPSD) quedarán completamente fuera del próximo Congreso, pese a haber tenido bancadas relevantes en 2022.
El mensaje fue claro y contundente: castigo total.

El fin del experimento alvaradista
Fabricio Alvarado vuelve a tropezar, pero esta vez el golpe es estructural. No solo repitió un revés en la carrera presidencial, sino que presenció la desaparición absoluta de su fuerza legislativa. De los siete diputados que Nueva República llevó a Cuesta de Moras hace cuatro años, no queda ninguno.
El bloque conservador que alguna vez lo respaldó terminó fracturado. Figuras clave tomaron distancia, como Laura Fernández desde Pueblo Soberano, y el proyecto político que surgió en 2019 tras la ruptura con Restauración Nacional entra en una pausa forzada, sin representación ni músculo institucional.
Del fenómeno a la nada: la caída del PLP
La debacle del Partido Liberal Progresista es, quizás, la más dramática. En 2022 fue la sorpresa electoral: seis curules logradas en tiempo récord. Hoy, el saldo es cero diputados para el próximo período.
La erosión fue interna, visible y constante. Renuncias de estructuras, disputas públicas, críticas a la dirigencia y la salida de cuatro legisladores marcaron el principio del fin. El episodio más simbólico fue el de Luis Diego Vargas, quien dejó el PLP para postularse como candidato a la vicepresidencia por Unidos Podemos.
El oficialismo que se evaporó
Ni siquiera el partido que llevó a Rodrigo Chaves a la presidencia sobrevivió al desgaste. El PPSD pasó de ser oficialismo a desaparecer del mapa legislativo. Cerrará el período con apenas una diputada, Luz Mary Alpízar, luego de una cadena de deserciones y declaraciones de independencia, como la de María Marta Carballo.
El partido de gobierno nunca logró consolidar una bancada estable ni una identidad legislativa clara, y el electorado terminó por sellar su salida del Congreso.
La factura ciudadana
¿Qué ocurrió? Para muchos votantes, estos partidos se volvieron sinónimo de inestabilidad, fractura interna y promesas diluidas. La fuga constante de diputados, las pugnas internas y la pérdida de rumbo político minaron la confianza ciudadana.
La lección que deja esta elección es contundente: en la Costa Rica actual, la confianza no se hereda ni se improvisa. Se construye —y se pierde— con cohesión, coherencia y resultados.
Sin Nueva República, el PLP ni el PPSD, el próximo Congreso arrancará con una geografía política completamente renovada y el desafío inmediato de rearmar alianzas en un tablero que cambió de forma radical.












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