Las enfermedades transmitidas por animales mostraron un contundente avance en cuanto a regiones en los últimos años.
- Ivannia Zeledon Alvarez
- 29 ago
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Así lo demuestra un nuevo informe de la Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA). Según indican, alcanzan zonas donde antes no estaban presentes y casi el 50% representa una amenaza directa para la salud de las personas.

El cambio climático y la degradación ambiental producida por el ser humano actúan como aceleradores de este fenómeno. Esto debido a que alteran los hábitats naturales y en consecuencia aumentando la probabilidad de brotes y pandemias de origen animal.
Enfermedades transmitidas por animales: el avance inminente
Este estudio complementa el publicado en 2022 en Science Advances. Este concluyó que el 9 % de la superficie terrestre mundial ya se encuentra en riesgo “alto o muy alto” de brotes zoonóticos impulsados por factores climáticos.
Así, regiones que hasta hace poco estaban libres de estas patologías se convirtieron en entornos aptos para su transmisión.
Las consecuencias
La primera consecuencia directa de esta situación es económica. Más del 20 % de las pérdidas globales en producción de alimentos se deben a enfermedades provenientes del mundo animal.
En Argentina, según la Cámara Argentina de la Industria de Productos Veterinarios (Caprove), estas patologías generan pérdidas anuales equivalentes a cerca de $ 60.000 millones. Lo que afecta la producción de proteínas de calidad y el acceso de la población a alimentos seguros.
«Este impacto económico convierte a la prevención en un tema clave de políticas públicas y seguridad alimentaria”, afirma Francisco Nacinovich, jefe de Infectología del Instituto Cardiovascular de Buenos Aires (ICBA). Nacinovich es también cofundador y exdirector de Investigación en Resistencia a los Antibióticos (INVERA).
La segunda tiene efectos directos en materia de salud. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el 60% de las enfermedades infecciosas humanas tienen origen animal y el 75% de las enfermedades emergentes son zoonosis. Es decir, transmitidas de animales a personas.
Como indica Tomás Orduna, exjefe del Servicio de Medicina Tropical y Medicina del Viajero del Hospital F. J. Muñiz de Buenos Aires, en el país, “constituyen una amenaza activa en latente expansión«.
Así, «la rabia persiste en murciélagos y requiere mantener la vacunación en mascotas; el riesgo de contraer leptospirosis, que se transmite a través de la orina de ratas o perros infectados, es alto en las grandes ciudades, y la leishmaniasis visceral canina ya está presente en nueve provincias y puede ser mortal para humanos”.
Cómo frenar el avance
La vigilancia, la vacunación y el cuidado ambiental son estrategias centrales para frenar su avance. También es clave promover el uso responsable de antimicrobianos en medicina humana y veterinaria, tanto para tratar infecciones diagnosticadas como para evitar su uso preventivo indiscriminado en animales sanos.
Ya que esto favorece el desarrollo y la diseminación de resistencia a antibióticos entre especies, lo que compromete el control efectivo de infecciones zoonóticas.












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